Share on facebook
Share on twitter
Share on linkedin
Share on email
Share on telegram
Share on whatsapp

Para el Sindicato de Carpinteros de Santiago

El sindicato según muchos compañeros, solo por serlo es potente para vencer todas las dificultades que surgen no tan sólo por causas interiores sino también como consecuencia de los cambios políticos de la nación y de fuera de la nación

Hay momentos de crisis en las colectividades sociales que por muy perspicaz y lince que sea un crítico no consigue después de mortificarse la cabeza encontrar la causa de tal efecto. Lo mismo sucede con este sindicato en la actualidad – aunque sería más exacto si lo hiciese extensivo a toda la organización local – pero hay causas que me impiden hacerlo así. El sindicato de carpinteros es de una tradición más estable de una historia más firme y brillante, y modestia aparte, fue en el mismo donde se agruparon y actuaron los individuos, más precisados, más definidos en ideas. En este mismo caso podría incluirse a La Coruña con relación a la Región si este propósito fuese el de analizar la teoría en relación con la práctica; pero aquí no quiero tratar más que ver la manera de estimular a la reflexión a todos mis compañeros de sindicato ante el probable problema de desorganización del mismo.

En todas las instituciones cuando se proyecta una labor de ampliación de objetivos y aspiraciones y por lo tanto en las nuestra también, la primera cosa con que hay que contar además de otras más secundarias, es con individuos dispuestos a coronar la obra, y precisamente por falta de personas dispuestas para tales empresas se malogran la generalidad de ellas; pero este no es el caso de nuestro sindicato ( no digamos que sobra capacidad y compañeros en exceso ) pero para desempeñar los simples cargos de administración, si sobran compañeros más que voluntad.

Les llamo simples por razón de que los sindicatos son pocos los que rebasaron el límite de las pequeñas mejoras económicas y solución de insignificantes problemas de relación de trabajo con el patrono.

Así que por esta razón las cualidades que exige un sindicato para llevar su vida administrativa se limitan más que a otra cosa a : un poco de práctica, otro poco de instrucción natural sin descuidar la voluntad ni la moralidad necesarias. Pregunto yo ahora ¿ no tenemos muchos estas insignificantes aptitudes y cualidades? si, pues ¿ por qué dejamos que el sindicato caiga cada vez más, y degenere hasta el extremo de no poder nombrar una directiva en tres juntas consecutivas? no parece sino que hemos perdido la noción de todas las ventajas adquiridas por ella. Si este sindicato fuese de reciente constitución habría que repetir la eterna cantinela de las ocho horas, las mejoras de salario y otras que los gobiernos conceden acuciados por la presión que ejerce el avance social y que todos conocemos repito que si fuese un sindicato de novatos habría que indicarle esto bien indicado, pero a un sindicato que como el nuestro tiene treinta años de historia con sus luchas consiguientes y los beneficios que nos reportaron que hoy disfrutamos me parece que debe ser superior la apariencia a todas las palabras. Convendría no obstante hacer algún estudio acerca de las causas que producen tal efecto.

Hay una que a primera vista parece la “taberna”; pero esto, bien mirado aunque causa una resta considerable de energía, siempre existió desde que existe organización y por cierto para desgracia nuestra bien repleta de concurrencia; otra podría ser, los cismas internos, pero estos son característicos de toda colectividad y nunca faltaron más o menos encubiertos; no olvidemos tampoco que la falta de juventud que empuje y renueve las cosas pueda ser también otra causa, pero tampoco puede ser la causa única en este caso, pues aún siendo poca la que se preocupa de los jóvenes y los viejos y he dicho que se reúne número suficiente para turnarse en los cargos administrativos. Así que en consecuencia, interiormente en el sindicato no existe la causa visible.

Ya vengo diciendo siempre desde que esta crisis se declaró – pues ya venimos padeciéndola sino me equivoco desde la última huelga – que la causa de la decadencia tanto de nuestro sindicato como la de otro cualquiera afecto a la Confederación, que aún quedan en pie, vienen del exterior – no me creo haber descubierto nada nuevo pero es el caso que la generalidad de los trabajadores apenas, si se apercibía de este y raro al sindicato  * (resulta ilegible la frase en el original) y plantear con un descaro irreflexivo asuntos y exigencias que las comisiones administrativas, no el sindicato, pueden resolver, y al tratar de convencerlos en el terreno particular del error en que están, y la conducta que convendría observar para conservar el sindicato como arma exclusiva y permanente de defensa de nuestros intereses, parecen experimentar o experimentan un desencanto decepcionador.

El sindicato según muchos compañeros, solo por serlo es potente para vencer todas las dificultades que surgen no tan sólo por causas interiores sino también como consecuencia de los cambios políticos de la nación y de fuera de la nación. Ellos no alcanzan a comprender que la falta de libertad quita movimiento a las cosas y que estas sin movimiento no tienen atractivo ni intereses; ellos no ven al patrón más que bajo el aspecto económico; para ellos el patrón es el que les regatea el real más de suba y el que les despacha por ser muy “socialistas”; ellos no ven al doble patrono, al patrono político, a este patrón que ayuda a sostener las instituciones presentes por que son las que le defienden a él también, y por eso dicen cuando no se puede hacer lo que a ellos les parece debía hacerse : “eso es por culpa de estos que vienen con políticas e idealismos a los sindicatos”.

Por tanto esta falta de libertad impide la vida regular de los tiempos normales, y por esta razón no tiene aquel interés que en otros tiempos tenían nuestras juntas y todos nuestros actos y esta es la causa que lanza a los compañeros todos o casi todos a buscar otros centros de ocio unos, a empensarse de los desengaños ( según ellos ) y otros de las amarguras y sufrimientos.

No obstante yo sigo insistiendo: no encuentro la causa fundamental, pues si bien estas son causas que explican la cosa no justifican la actitud de la generalidad de los compañeros que más conscientes de las cosas saben que si ahora estamos mal, sin sindicato estaremos peor, y con todo y a pesar de las circunstancias se puede hacer mucho si la voluntad no nos abandona.

Pensad ahora todos los compañeros en lo que conviene hacer, y estoy seguro que si hacéis una reflexión serena mirando nuestras necesidades y las armas que tenemos para defender nadie que no quiera merecer el dictado de esclavo renunciará defenderse y por tanto de ir al sindicato; vosotros tenéis la palabra.

MARCIAL VILLAMOR