BIOGRAFÍA

 

 
 

 

 

El 28 de septiembre de 1937 fué asesinado Marcial Villamor Varela. Un delito que jamás se investigó, ocultado desde el momento incluso en que fue descubierto, camuflado bajo el dictamen de muerte por derrame cerebral. Una falacia que su familia se vio obligada a aceptar para evitar nuevas represalias, y que formaba parte de la estrategia del nuevo régimen dictatorial, empeñado en negar de facto la existencia y los hechos, tanto de su vida como de su muerte, de millares de personas.

Marcial Villamor nació en Vilouriz (Toques) en el 1899, aunque se trasladará muy joven a Santiago de Compostela, donde residirá y desarrollará su trabajo de ebanista y su acción sindical. Fue, claramente, un hijo de su tiempo, y hermano de la hasta entonces mejor generación de españoles, a la cual el atrevimiento de soñar con la libertad le costó el gran dolor de serle impuesto el yugo por la fuerza.

Siendo joven marchó de "quinto" destinado a África, donde la llegada a sus manos de un panfleto en contra de la presencia militar española en la colonia desatará su deseo de conocimiento y aprendizaje. Avergonzado por su condición de casi analfabeto, desde ese momento se convierte en un fervoroso autodidacta, asiduo de las librerías Compostelanas, hasta completar una de las mejores bibliotecas personales de la ciudad, la cual alcanzó fama incluso entre la intelectualidad y la burguesía local.

Su pasión por la lectura le valió la oportunidad de conocer a Ortega y Gasset. En una visita de este a Compostela, Arturo Cuadrado Moure, propietario de la librería Niké – en la cual los clientes pagaban el precio que consideraban valían los libros - y miembro de la comisión que presentó el Estatuto de Autonomía del 36 en las Cortes, le relató al filósofo que uno de sus clientes, “el célebre anarquista Marcial Villamor, pagó diez céntimos por un libro suyo [...] y pasó al día siguiente a pagar otros diez porque le había entusiasmado. Cuando se lo conté a Ortega, quiso conocerlo, y el gran intelectual fue a casa del carpintero, que sería paseado en el 36”.

La posibilidad de la realización personal a través de la cultura y del estudio será una de sus creencias más profundas y uno de los principios de su acción pública. Así, fue uno de los promotores y miembro destacado del Ateneo Libertario compostelano, que llegó a tener su dirección a efectos de notificación en su domicilio particular, en el número 18 de la calle del Olvido.

Ya con anterioridad a la proclamación de la República, Marcial Villamor es miembro de la Confederación Regional Galaica de la CNT, representando al “Sindicato de Carpinteros y similares” de Santiago en el pleno regional celebrado en Coruña en 1930. La CRG, caracterizada por su línea moderada, colaboró en los últimos meses de 1930 y primeros de 1931 con las fuerzas republicanas en la campaña electoral municipal que concluyó con la instauración de la República el 14 de abril.

La radicalización progresiva del sindicato, debida al aumento de peso en la dirección de elementos procedentes de la FAI, provoca que Villamor Varela, encuadrado en la vertiente moderada de los llamados “trentistas” - aunque milita también en la FAI en el primer bienio de la II República- se vaya alejando progresivamente de los postulados de la CNT, si bien continúa en la lucha obrera. Este distanciamiento es significativo a partir de 1933, año en que dimite la directiva encabezada por su amigo José Villaverde, y en el que fracasa el intento insurreccional de huelga general convocada en diciembre tras la victoria electoral de la derecha.

En febrero de 1934 se producen dos hechos contrapuestos y que al mismo tiempo evidencian ese distanciamiento. Al tiempo que participa como delegado de la CRG en el “Pleno nacional de regionales” de la CNT, visita a Ángel Pestaña, fundador del Partido Sindicalista, y persona proclive a la participación electoral y a la colaboración con los partidos de izquierdas. Así, en el verano de ese año, se articula alrededor de Villamor la representación santiaguesa del Partido Sindicalista, la más nutrida del partido en Galicia, y la cual integra a muchos cuadros sindicales compostelanos – especialmente a partir de los sucesos de octubre-, descontentos con la actitud del sindicato anarquista.

El día 10 de octubre es detenido, en las primeras horas de la madrugada, cuando tenía en su poder hojas de propaganda a favor de la amnistía a los presos políticos de izquierda, y en las que se criticaba la liberación de los generales golpistas que se habían alzado en armas contra la República. Fue procesado por un tribunal militar por el delito de “excitación a la rebelión militar en grado de intento”, y condenado a seis meses de prisión que cumple íntegros.

En el informe que el Juzgado militar solicita a la Dirección General de Seguridad, el Comisario compostelano informa que Villamor es considerado en la ciudad “como uno de los principales dirigentes de las masas obreras; fue el fundador de él Ateneo Libertario, que en la actualidad funciona clandestinamente, y en todos los movimientos societarios que se declararon en esta ciudad ha tomado siempre parte activa [...]”. A respeto de su posible participación en los hechos revolucionarios del otoño del 34, continúa afirmando que “aún cuando no existe una prueba fehaciente de su participación, es de suponer que es uno de los cabecillas de el mismo, toda vez que anteriormente a esos días se destacó siempre cómo efectivo directivo, y entre los obreros de esta localidad está considerado como uno de los líderes organizadores de las masa obreras”.

Al margen de la consideración que cómo prueba de cargo merezca a cada uno el referido escrito, sí se hace patente que a la altura de 1934 Marcial Villamor Varela era una persona destacada en el obrerismo compostelano, con una proyección pública que lo significaba especialmente y que a posteriori determinó su trágico final.

En el período que pasa en la cárcel comienza a colaborar con el semanario izquierdista de amplio espectro ‘SER’, de la mano de sus amigos Suárez Picallo y Arturo Cuadrado. Una vez cumplida su condena, a finales de 1935, participa en la preparación de la convocatoria electoral de 1936. A estas elecciones el Partido Sindicalista concurre integrado en la Frente Popular. En el mes de Julio participa en un mitin a favor del Estatuto de Autonomía, celebrado en Pontevedra.

Tras el pronunciamiento militar del 17 de julio de 1936, convertido en alzamiento el 18, Marcial Villamor Varela es llamado a formar parte del Comité de Defensa que enfrentó el golpe en la ciudad. Otro ejemplo más de su ascendente en el movimiento obrero compostelano, y otro motivo más para aquellos que decidieron su ajusticiamiento.

En asambleas en la Plaza del Obradoiro y en las reuniones del Comité de Defensa se discute la estrategia a seguir ante el alzamiento y se comparan las distintas posturas ideológicas. Según el historiador Luis Lamela, sólo la intervención de Villamor, de Fernando Barcia (socialista, presidente del Comité) y de Germán Fernández, impidió el asalto a la casa del empresario Olimpio Pérez (se daba la circunstancia de que el suegro de Marcial Villamor era chófer de la familia Pérez), y la quema de varias iglesias locales.

A este respeto, y como se recoge de testigos de consejos de guerra y a través de la transmisión oral, parece probado que Villamor impidió también que la Catedral compostelana resultara dañada. Según fue referido por, entre otros, el ya fallecido militante cenetista y empresario local Manuel Ceruelo, Villamor era conocedor de las intenciones de algunos sectores exaltados de la militancia de izquierdas de dinamitar la Catedral. Así, en la noche del 18 o 19 de julio, formó una patrulla de protección – en la que participó, junto Ceruelo -, que se enfrentó a golpes contra aquellos que pretendían dañar el monumento. Claro, los defensores vencieron y el edificio salió indemne del riesgo cierto de destrucción al que estuvo expuesto, y que sí afectó a otros templos de España durante la Guerra Civil.

Santiago permaneció leal a la República incluso el día 20 de julio, en que un grupo de voluntarios apoyados por mineros de Lousame se dirigen a Coruña a defender el Gobierno Civil de los militares sublevados.

Aprovechando la ausencia de oposición, el comandante militar de la plaza y del destacamento de artillería, José Bermudez de Castro, se hace con el control de la ciudad. A las 12 de la noche las tropas tomaban los centros estratégicos y las calles compostelanas. El alcalde Casal es obligado a ceder el mando a Bermúdez de Castro. Según Fernández del Riego, en el momento de la rendición se había prometido respetar las vidas de las personas, promesa que, como nos dice la historia, no fue cumplida.

Esa misma noche una fuerza armada de falangistas asalta la casa de Marcial Villamor, y este se ve obligado a huir, saltando las tapias de las huertas que constituyen la trasera de la manzana y que hoy en día forman parte del Parque de Belvís. Logra huir entre los disparos de los sublevados y se refugia en la vecina calle del Pexego, en la casa de un  amigo y compañero obrerista, durante varios días.

En ese tiempo, los asaltos y registros a la casa fueron continuos, al igual que los padecimientos de su familia. Las visitas a cualquier hora del día o de la noche, la destrucción de mobiliario, el saqueo de su apreciada biblioteca – totalmente devastada y desmantelada, repartida entre los asaltantes y parcialmente quemada en la misma calle, hasta el punto de que ni un solo libro quedó en propiedad de la familia -, la angustia de la familia por no saber en qué estado se encontraba Marcial, los insultos, vejaciones, agresiones, e incluso el secuestro del suegro de Marcial, Martín Castiñeiras, a quien sólo la intervención de su patrón Olimpio Pérez le salvó la vida, fueron alguno de los sufrimientos de aquellos días. La familia de Marcial, residente en la casa familiar del Olvido 18, estaba compuesta por su suegro, su mujer y cinco hijos, la mayor de 12 años y el más joven de apenas unos meses.

Marcial logra huir de sus perseguidores y, luego de una triste despedida en la que se limita a cruzar la mirada con su familia en San Lázaro, sin dirigirse la palabra, se oculta en la casa de sus primos en su aldea natal de Vilouriz ( Toques ). Allí pasa varios meses en los que el cerco se estrecha y los registros se suceden de nuevo. Como tantos otros huidos en aquella época, logra permanecer oculto gracias casi en exclusiva a la fortuna y al esfuerzo de los que lo acogieron, siendo protagonista de diversas peripecias que, de no ser por las circunstancias de aquel tiempo, resultarían increíbles al tiempo que dramáticas.

La presión le hace comprender que corre riesgo de nuevo, tanto él como quien lo protege, y decide continuar su huida hacia el territorio seguro más próximo, esto es, Asturias, aún leal a la República. Así, en septiembre de 1937, con documentación prestada, deja su escondite. Es detenido en el camino, en Baralla. En un principio es liberado al funcionar su coartada. Sin embargo, al salir del centro de detención, coincide en la puerta con un sublevado que procedía de Santiago y que lo reconoce en el acto.

Fue detenido inmediatamente, y ordenado su traslado a la capital gallega. Durante el viaje, en el municipio de Guntín, es asesinado de un disparo en la cabeza.

Su muerte fue una más de las muchas que provocó la represión sistemática ejercida por parte de los alzados sobre quien durante el quinquenio republicano ejercieron su militancia social y política en el bando contrario; represión que sumió a España en una involución de décadas respeto a Europa. Justo, porque las víctimas formaban parte de la generación hasta entonces más brillante, más preparada, y lo que es principal, más comprometida con el futuro del país.

Villamor fue uno de los primeros objetivos de los fascistas santiagueses por su destacada militancia obrera y por su acción sindical, que le había ganado el odio de aquellos que se oponían al avance en las condiciones de vida de los trabajadores. Sus reivindicaciones incluían cuestiones que hoy nos parecen perfectamente asumidas, como la reducción horaria de las jornadas abusivas, la dignificación de las condiciones laborales, el descanso semanal o el acceso de los trabajadores a la cultura mediante su difusión y el fomento de la educación.

Su natural amable y tranquilo y su bondad lo llevaban a rechazar la violencia que afectaba a buena parte de la sociedad gallega y española de la época. Siempre fiel a sus ideas, su moderación lo enfrentó en ocasiones a sus compañeros de militancia, sin que, sin embargo, le fuese útil para evitar el odio de los que lo asesinaron. Su formación cultural lo llevó a un conocimiento social y técnico que no era el propio de su extracción humilde. Así, era conocedor de muchos de los avances técnicos de entonces e incluso de algunos de ahora, de los que gustaba de hablar, y se sumó a movimientos casi desconocidos como el vegetarianismo, hasta que fue derrotado por los perjuicios alimenticios de su esposa. Pese a su militancia sindical y obrera, ejercía una exquisita tolerancia con las creencias de los demás, comenzando por la religiosidad de su familia y por el pensamiento conservador de su suegro, empleado de los banqueros Pérez